A veces intentamos seguir funcionando como si nada pasara.
Cumplimos, respondemos, continuamos, mientras por dentro algo duele.
El dolor emocional no siempre se ve. Muchas veces aparece como cansancio, irritabilidad, desconexión, dificultad para disfrutar o sensación de estar sosteniendo demasiado.
Desde una mirada constructivista, cada persona vive su experiencia desde su propia historia y los significados que ha construido a lo largo de su vida. Por eso, no necesitamos comparar nuestro dolor con el de otros para validarlo. Lo que duele, duele.
Escucharnos emocionalmente no implica quedarnos atrapado/as en el sufrimiento. Implica reconocer que lo que sentimos también necesita un espacio.
A veces, el primer paso no es “estar bien”, sino dejar de exigirnos estarlo todo el tiempo.