Artículo

Desconexión emocional

Por Claudia Rondini
10 de agosto de 2026
Desconexión emocional

A veces escucho en consulta: “Sé que algo me pasa, pero no sé lo que es”. Y detrás de esa frase puede haber mucho más que una dificultad para identificar emociones.

Hay personas que pueden identificar fácilmente lo que ocurre a su alrededor, pero cuando intentan mirar hacia dentro aparece confusión, vacío o simplemente nada.

Les cuesta responder preguntas como:

  • ¿Qué me pasa con esto?
  • ¿Qué estoy sintiendo?
  • ¿Qué necesito?

Nuestra manera de relacionarnos con lo que sentimos se va construyendo a lo largo de nuestra historia. Aprendemos qué emociones tienen lugar, cuáles incomodan, cuáles podemos expresar y cuáles es mejor mantener lejos.

En algunos contextos y en determinados momentos de nuestra historia, desconectarnos de lo que sentimos pudo haber sido una forma de adaptarnos, ya que prestar demasiada atención a lo que sentíamos pudo no haber sido posible, seguro o permitido. Quizás desconectarnos era necesario para seguir funcionando, seguir adelante, no molestar, ser fuerte, resolver, no exagerar, cuidar de otros, no generar conflictos o dejar ciertas experiencias “para después”.

El problema es que esa forma de relacionarnos con nuestra experiencia puede terminar alejándonos de nosotros mismos.

Una emoción difícil aparece primero de otras maneras:

• Tensión en el cuerpo

• Irritabilidad

• Cansancio

• Ganas de aislarse

• Necesidad de controlar

• Dificultad para poner límites

• Sensación de vacío

• Pensamientos que no paran

El cuerpo y la conducta están expresando algo que todavía no logramos poner en palabras.

Sin embargo, conectar con las propias emociones no significa simplemente aprender a ponerles nombre. También implica poder acercarnos a nuestra experiencia, reconocerla, comprender qué significado tiene para nosotros y construir nuevas maneras de relacionarnos con aquello que sentimos. Y eso no ocurre de un día para otro.

Conectar con las emociones significa poder acercarnos a nuestra experiencia con suficiente curiosidad como para preguntarnos ¿qué está pasando conmigo? No para encontrar inmediatamente una respuesta, sino para empezar a escucharnos, sin juzgar inmediatamente lo que aparece como “exagerado”, “irracional” o “incorrecto”.

No se trata de “sentir más”. Las emociones ya están ahí! Se trata de poder estar un poco más cerca de aquello que ya está ocurriendo en nuestro mundo interno.