
No, no es el tiempo el que lo cura todo.
A veces creemos que, si esperamos lo suficiente, aquello que nos duele simplemente desaparecerá. Pero el paso del tiempo, por sí solo, no necesariamente transforma una experiencia.
Podemos pasar meses o incluso años sintiendo lo mismo, repitiendo las mismas formas de relacionarnos, evitando aquello que nos duele o interpretando nuestra historia desde los mismos lugares.
Y también podemos, mientras el tiempo pasa, comenzar a hacer algo diferente:
- Observarnos.
- Preguntarnos.
- Dar nuevos significados a lo vivido.
- Reconocer nuestros patrones.
- Permitirmos sentir aquello que hemos evitado.
- Construir otras maneras de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.
El tiempo transcurre inevitablemente. El trabajo personal, en cambio, es una posibilidad.
Y a veces, más que esperar a que “el tiempo cure”, necesitamos preguntarnos qué podemos construir con aquello que nos pasó.
No todo lo que duele se transforma simplemente porque pasa el tiempo. A veces necesitamos algo más que esperar: necesitamos espacios donde podamos mirar nuestra experiencia, comprender los significados que hemos construido y explorar nuevas posibilidades.
El proceso terapéutico puede ser uno de esos espacios.