
¿Te pasa que muchas veces guardas lo que sientes para evitar un conflicto? ¿O que explotas después de acumular demasiado?
Nos enseñaron a agradar. A evitar conflictos. A “no incomodar”. Pero no siempre nos enseñaron a decir lo que sentimos.
Muchas veces decimos “está todo bien”, cuando en realidad queremos decir: “eso me dolió”, “necesito algo distinto”, “no me sentí considerado/a”.
Relacionarnos desde la honestidad no significa decir todo sin filtro. Significa entender qué nos pasa, de dónde viene y cómo queremos expresarlo hoy.
La honestidad no es crudeza. No es impulsividad. Es poder hacernos responsables de lo que sentimos.
Relacionarnos desde la honestidad implica:
- Reconocer nuestras emociones.
- Entender qué historia personal se activa.
- Expresar sin culpar.
- Escuchar sin defendernos automáticamente.
Desde una mirada sistémica, no reaccionamos “porque sí”. Reaccionamos desde nuestras experiencias, vínculos tempranos y significados construidos a lo largo de la vida. Y eso, se puede revisar.
En terapia, trabajamos precisamente eso: mirar y resignificar nuestras formas de vincularnos y ampliar nuestras posibilidades relacionales, desde la honestidad.
Como ejercicio y primera aproximación, te dejo una pregunta: ¿qué sueles hacer cuando algo te incomoda: lo dices, lo guardas o explotas después?