
Hay momentos en la vida en que algo comienza a no hacer sentido. Y no necesariamente porque todo esté mal. Incluso desde afuera pareciera que todo está bien: tienes una vida construida, responsabilidades, proyectos, vínculos, logros.
Sabes perfectamente lo que esperan de ti. Que seas una buena hija, una buena pareja, una buena madre, una buena profesional. Que seas independiente, responsable, exitosa. Que tengas claro lo que quieres.
Pero cuando alguien te pregunta “¿y tú, qué quieres? Puede que no sepas qué responder. Te quedas en blanco. Y eso puede ser profundamente desconcertante. Se asoma una sensación difícil de explicar: “no sé si esto es lo que quiero”.
Y puede resultar especialmente desconcertante cuando has pasado mucho tiempo haciendo lo que se esperaba de ti, tomando las decisiones que parecían correctas y tratando de construir una vida que, en muchos aspectos, sí tiene sentido.
Entonces surge una pregunta que puede incomodar: ¿cuánto de lo que quiero realmente responde a mí y cuánto responde a lo que aprendí que debía querer?
A veces podemos confundir “esto es lo que quiero” con “esto es lo que aprendí que debía querer”. Y distinguir una cosa de la otra no siempre es sencillo.
No se trata de asumir que tus elecciones han sido equivocadas. Muchas de ellas probablemente tuvieron sentido en determinados momentos de tu historia.
Se trata de poder mirarlas con mayor profundidad y preguntarse desde dónde las estás tomando hoy: ¿desde el miedo? ¿desde la necesidad de aprobación? ¿desde el temor a decepcionar? Porque nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con nuestras decisiones también se construyen a partir de nuestra historia: de nuestros vínculos, de nuestras experiencias, de expectativas de otros, de aquello que aprendimos que significaba ser una “buena mujer”.
Necesitamos entonces un espacio donde podamos detenernos a revisar esas construcciones, reconocer aquello que ya no nos representa y abrirnos a otras posibilidades, para poder relacionarnos de una manera más propia con quiénes somos y con la vida que queremos construir.
Si estás atravesando un periodo de cuestionamiento, cambios o confusión respecto de tu vida, tus vínculos o tus decisiones, la psicoterapia puede ser un espacio para comprender lo que estás viviendo y explorarlo con mayor profundidad.
No, no estás perdida. Estás comenzando a cuestionar una vida que durante mucho tiempo tuvo sentido para ti. Y eso también puede ser el comienzo de algo.